El cuerpo vulnerado

Autor: Aurora Noreña

Título del texto: El cuerpo vulnerado

Publicación: Javier Marín – Casa de América

Proyecto / obra: Chalchihuites.

Publicado por:  Agencia Española de Cooperación Internacional, Madrid / Barcelona

El cuerpo vulnerado

Aurora Noreña

 

La manía contemporánea de reducir todo a imágenes nítidas y sintéticas para su adecuada circulación en los medios de comunicación, alcanza también al arte. Reducimos a los artistas a fórmulas y eslóganes que en lugar de hacernos entender su trabajo nos alejan de él.

 

El arte no debe someterse a dicho proceso de aprehensión, ya que lejos de encontrarse en las certezas y las constantes más visibles, está en lo que esconden los tránsitos del pensamiento: es el espacio de inestabilidad e incertidumbre, donde dejamos de ser nosotros mismos.

 

La escultura de Javier Marín no puede limitarse a sus constantes: el hombre y la estatuaria occidental, ya que su propuesta visual rebasa de manera sobrada dicha fórmula. Su labor escultórica articula toda una serie de variables sintácticas y semánticas que abarcan tanto a la estética occidental como a otras estéticas e idiosincrasias.

Buena parte de sus reflexiones y soluciones plásticas parten de la estricta observancia de su entorno próximo, que, dicho sea de paso, no está integrado exclusivamente por elementos de orden formal, sino también social.

 

El ámbito o paisaje social se integra al trabajo del artista de dos maneras muy distintas: como una “entidad carente de conciencia de sí”, es decir, como algo de lo que formamos parte pero no nos percatamos de ello (presente en nuestra manera de pensar y de actuar), y como una entidad a distinguir, que es cuando el artista lleva a cabo un estudio consciente del entorno a partir de diferenciarse de él.

 

La Ciudad de México —donde vive y trabaja la mayor parte del tiempo— está de ambas formas en su desempeño: como entidad indisociable e indistinguible, y como totalidad fragmentada por su mirada analítica.

 

Cuando Melquíades Herrera se refería al artista como a un “peatón profesional”, insistía en la capacidad de observación (a través de recorrer a pie las ciudades, ya que es a esa velocidad y en esas condiciones que se puede mirar el entorno circundante con interés escudriñador), pero también hacía hincapié en la ciudad como el lugar ideal para observar al hombre porque es su contenedor como entidad social (de ahí el papel central que para el arte y la literatura ha tenido).

 

 

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